Cada escritor debe tener la capacidad de expresar sus pensamientos y no ser reprimido, como es el caso de Mo Yan y sus obras polemicas que son censuradas en algunas partes del país debido a la manera en que aborda los temas que tienen que ver con el proceso revolucionario de Mao.
Espacio de Literatura - Premios Nobel Latinoamericanos
Hay un cierto placer en la locura, que solo el loco conoce. Pablo Neruda
jueves, 7 de noviembre de 2013
La expresión del autor
El autor puede escribir por placer pero siempre existe su deber moral que lo impulsa a no quedarse callado frente a las injusticias de las sociedades actuales y a hablar y expresar sus opiniones.Es por eso que estas personas se destacan y finalmente merecen un reconocimiento como lo es el Premio Nobel. Por preocuparse por la sociedad en que viven.
Cada escritor debe tener la capacidad de expresar sus pensamientos y no ser reprimido, como es el caso de Mo Yan y sus obras polemicas que son censuradas en algunas partes del país debido a la manera en que aborda los temas que tienen que ver con el proceso revolucionario de Mao.
Cada escritor debe tener la capacidad de expresar sus pensamientos y no ser reprimido, como es el caso de Mo Yan y sus obras polemicas que son censuradas en algunas partes del país debido a la manera en que aborda los temas que tienen que ver con el proceso revolucionario de Mao.
Cosmovisión Alegorica
Alegoría
La alegoría pretende dar una imagen a lo que no tiene imagen
para que pueda ser mejor entendido por la generalidad. Dibujar lo abstracto,
hacer «visible» lo que solo es conceptual, obedece a una intención didáctica.
Así, una mujer ciega con una balanza, es alegoría de la justicia,
y un esqueleto provisto
de guadaña es
alegoría de la muerte.
El creador de alegorías suele esforzarse en explicarlas para que todos puedan
comprenderlas. Por su carácter evocador, se empleó profusamente como recurso en
temas religiosos y profanos. Fue usada desde la antigüedad, en la época del Egipto
faraónico, la Antigua
Grecia, Roma, la Edad Media o
el Barroco.
Un ejemplo de alegoría son los siguientes versos de Jorge
Manrique:
Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos
andamos, mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos
así que cuando morimos
descansamos.
O también estas frases de Cervantes:
«Dime: ¿no has visto tú representar alguna comedia adonde se
introducen reyes, emperadores y pontífices, caballeros, damas y otros diversos
personajes? Uno hace el rufián, otro el embustero, éste el mercader, aquél el
soldado, otro el simple discreto, otro el enamorado simple; y, acabada la
comedia y desnudándose de los vestidos della, quedan todos los recitantes
iguales.
-Sí he visto —respondió Sancho.
-Pues lo mismo —dijo don Quijote— acontece en la comedia y
trato de este mundo, donde unos hacen los emperadores, otros los pontífices, y,
finalmente, todas cuantas figuras se pueden introducir en una comedia; pero, en
llegando al fin, que es cuando se acaba la vida, a todos les quita la muerte
las ropas que los diferenciaban, y quedan iguales en la sepultura.
-¡Brava comparación! —dijo Sancho—, aunque no tan nueva que
yo no la haya oído muchas y diversas veces, como aquella del juego del ajedrez,
que, mientras dura el juego, cada pieza tiene su particular oficio; y, en
acabándose el juego, todas se mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en una
bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura.
-Cada día, Sancho —dijo don Quijote—, te vas haciendo menos
simple y más discreto».
(Quijote, II)
Tzvetan Todorov dice que ésta implica la
existencia de, por lo menos, dos sentidos para las mismas palabas; se nos dice
a veces que el sentido primero debe desaparecer, y otras que ambos deben estar
juntos. En segundo lugar, este doble sentido está indicado en la obra
explícitamente y no depende de la interpretación. La imposibilidad de atribuir
un sentido alegórico a los elementos sobrenaturales del cuento nos remite al
sentido literal.
jueves, 31 de octubre de 2013
Ganadores del Premio Nobel
1901 Sully
Prudhomme
1902 Theodor
Mommsen
1903 Bjørnstjerne Bjørnson
1904 Frédéric Mistral
1905 Henryk Sienkiewicz
1906 Giosuè Carducci
1907 Rudyard
Kipling
1908 Rudolf Christoph Eucken
1909 Selma Lagerlöf
1910 Paul von
Heyse
1911 Maurice Maeterlinck
1912 Gerhart
Hauptmann
1913 Rabindranath Tagore
1914 No se concede el premio a
causa de la "I Guerra Mundial".
1915 Romain
Rolland
1916 Verner von
Heidenstam
1917 Karl Adolph Gjellerup /
Henrik Pontoppidan
1918 No se concede el premio a
causa de la "I Guerra Mundial".
1919 Carl
Spitteler
1920 Knut
Hamsun
1921 Anatole France
1922 Jacinto Benavente
1923 William Butler
Yeats
1924 Władysław
Reymont
1925 George Bernard Shaw
1926 Grazia Deledda
1927 Henri Bergson
1928 Sigrid
Undset
1929 Thomas Mann
1930 Sinclair
Lewis
1931 Erik Axel Karlfeldt
1932 John
Galsworthy
1933 Iván
Bunin
1934 Luigi Pirandello
1935 No entregado
1936 Eugene O'Neill
1937 Roger Martin du
Gard
1938 Pearl S.
Buck
1939 Frans Eemil
Sillanpää
De 1940 a 1943, no se concede el premio a causa de la
"II Guerra Mundial",.
1944 Johannes Vilhelm
Jensen
1945 Gabriela
Mistral
1946 Hermann
Hesse
1947 André
Gide
1948 T. S.
Eliot
1949 William
Faulkner
1950 Bertrand
Russell
1951 Pär Fabien
Lagerkvist
1952 François
Mauriac
1953 Winston
Churchill
1954 Ernest
Hemingway
1955 Halldór Laxness
1956 Juan Ramón
Jiménez
1957 Albert
Camus
1958 Borís Pasterna
1959 Salvatore
Quasimodo
1960 Saint-John
Perse
1961 Ivo
Andrić
1962 John Steinbeck
1963 Giorgos Seferis
1964 Jean-Paul Sartre
1965 Mijaíl Shólojov
1966 Shmuel Yosef Agnon /
Nelly Sachs
1967 Miguel Ángel
Asturias
1968 Yasunari Kawabata
1969 Samuel
Beckett
1970 Aleksandr Isaevich
Solzhenitsyn
1971 Pablo
Neruda
1972 Heinrich
Böll
1973 Patrick
White
1974 Eyvind Johnson / Harry Martinson
1975 Eugenio Montale
1976 Saul Bellow
1977 Vicente
Aleixandre
1978 Isaac Bashevis
Singer
1979 Odysseus
Elytis
1980 Czeslaw Milosz
1981 Elias
Canetti
1982 Gabriel García
Márquez
1983 William Golding
1984 Jaroslav Seifert
1985 Claude
Simon
1986 Wole
Soyinka
1987 Joseph
Brodsky
1988 Naguib
Mahfouz
1989 Camilo José
Cela
1990 Octavio
Paz
1991 Nadine
Gordimer
1992 Derek Walcott
1993 Toni Morrison
1994 Kenzaburō Ōe
1995 Seamus
Heaney
1996 Wisława
Szymborska
1997 Dario
Fo
1998 José Saramago
1999 Günter
Grass
2000 Gao
Xingjian
2001 Vidiadhar Surajprasad
Naipaul
2002 Imre
Kertész
2003 John Maxwell Coetzee
2004 Elfriede Jelinek
2005 Harold
Pinter
2006 Orhan
Pamuk
2007 Doris
Lessing
2008 Jean-Marie Gustave Le
Clézio
2009 Herta Müller
2010 Mario Vargas
Llosa
2011 Tomas
Tranströmer
2012 Mo
Yan
2013 Alice Munro
Obras de Gabriela Mistral
La Fervorosa
En todos los lugares he encendido con mi brazo y mi
aliento el viejo fuego; en toda tierra me vieron velando el faisán que cayó
desde los cielos, y tengo ciencia de hacer la nidada de las brasas juntando sus
polluelos. Dulce es callando en tendido rescoldo, tierno cuando en pajuelas lo
comienzo. Malicias sé para soplar sus chispas hasta que él sube en alocados
miembros. Costó, sin viento, prenderlo, atizarlo: era o el humo o el
chisporroteo; pero ya sube en cerrada columna recta, viva, leal y en gran silencio.
No hay gacela que salte los torrentes y el carrascal como mi loco ciervo; en
redes, peces de oro no brincaron con rojez de cardumen tan violento. He cantado
y bailado en torno suyo con reyes, versolans y cabreros, y cuando en sus
pavesas él moría yo le supe arrojar mi propio cuerpo. Cruzarían los hombres con
antorchas mi aldea, cuando fue mi nacimiento o mi madre se iría por las cuestas
encendiendo las matas por el cuello. Espino, algarrobillo y zarza negra, sobre
mi único Valle están ardiendo, soltando sus torcidas salamandras, aventando
fragancias cerro a cerro. Mi vieja antorcha, mi Jadeada antorcha va despertando
majadas y oteros; a nadie ciega y va dejando atrás la noche abierta a rasgones
bermejos. La gracia pido de matarla antes de que ella mate el Arcángel que
llevo. (Yo no sé si lo llevo o si él me lleva; pero sé que me llamo su
alimento, y me sé que le sirvo y no le falto y no lo doy a los titiriteros.)
Corro, echando a la hoguera cuanto es mío. Porque todo lo di, ya nada llevo, y
caigo yo, pero él no me agoniza y sé que hasta sin brazos lo sostengo. O me lo
salva alguno de los míos, hostigando a la noche y su esperpento, hasta el
último hondòn, para quemarla en su cogollo más alto y señero. Traje la llama
desde la otra orilla, de donde vine y adonde me vuelvo. Allá nadie la atiza y
ella crece y va volando en albatròs bermejo. He de volver a mi hornaza dejando
caer en su regazo el santo préstamo. ¡Padre, madre y hermana adelantados, y mi
Dios vivo que guarda a mis muertos: corriendo voy por la canal abierta de
vuestra santa Maratòn de fuego!
La Bailarina
La bailarina ahora está danzando la danza del perder cuanto
tenía. Deja caer todo lo que ella había, padres y hermanos, huertos y campiñas,
el rumor de su río, los caminos, el cuento de su hogar, su propio rostro y su
nombre, y los juegos de su infancia como quien deja todo lo que tuvo caer de
cuello, de seno y de alma. En el filo del día y el solsticio baila riendo su
cabal despojo. Lo que avientan sus brazos es el mundo que ama y detesta, que
sonríe y mata, la tierra puesta a vendimia de sangre la noche de los hartos que
no duermen y la dentera del que no ha posada. Sin nombre, raza ni credo,
desnuda de todo y de sí misma, da su entrega, hermosa y pura, de pies
voladores. Sacudida como árbol y en el centro de la tornada, vuelta testimonio.
No está danzando el vuelo de albatroses salpicados de sal y juegos de olas;
tampoco el alzamiento y la derrota de los cañaverales fustigados. Tampoco el
viento agitador de velas, ni la sonrisa de las altas hierbas. El nombre no le
den de su bautismo. Se soltò de su casta y de su carne sumiò la canturía de su
sangre y la balada de su adolescencia. Sin saberlo le echamos nuestras vidas
como una roja veste envenenada y baila así mordida de serpientes que alácritas
y libres la repechan, y la dejan caer en estandarte vencido o en guirnalda
hecha pedazos. Sonámbula, mudada en lo que odia, sigue danzando sin saberse
ajena sus muecas aventando y recogiendo jadeadora de nuestro jadeo, cortando el
aire que no la refresca única y torbellino, vil y pura. Somos nosotros su
jadeado pecho, su palidez exangüe, el loco grito tirado hacia el poniente y el
levante la roja calentura de sus venas, el olvido del Dios de sus infancias.
jueves, 24 de octubre de 2013
Obras de Gabriel García Márquez
Cien Años de Soledad
"Muchos años después, frente al pelotón de
fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde
remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo...", con estas palabras
empieza una novela ya legendaria en los anales de la literatura universal, una
de las aventuras literarias más fascinantes de nuestro siglo.
Cien Años de Soledad es una novela clave en dos aspectos: en
el que implica su exitosa aparición dentro del panorama de la literatura
contemporánea, y en el que fundamenta el advenimiento de Macondo y la saga
centenaria de los Buendía como ámbito de leyenda de referencia ineludible para
compulsar la fascinante materia de los mundos novelescos.
Este ya clásico relato combina cada uno de los elementos que
lo componen para revelar una dimensión estremecedora del tiempo en que los
acontecimientos ocurren y del tiempo en que se narran. Ambos convergen en la
plenitud sabia de este relato que avanza y retrocede de acuerdo con precisas y
preciosas pautas narrativas, creando una correspondencia gozosa entre el acto
de inventar y escribir, y el acto de leer e imaginar una historia, una novela,
una renovada y admirable mitología
Crónica de una Muerte Anunciada
Acaso sea Crónica de una muerte anunciada la obra más
"realista" de Gabriel García Márquez, pues se basa en un hecho
histórico acontecido en la tierra natal del escritor.
Cuando empieza la novela, ya se sabe que los hermanos
Vicario van a matar a Santiago Nasar -de hecho ya lo han matado- para vengar el
honor ultrajado de su hermana Ángela, pero el relato termina precisamente en el
momento en que Santiago Nasar muere.
El tiempo cíclico, tan utilizado por García Márquez en sus
obras, reaparece aquí minuciosamente descompuesto en cada uno de sus momentos,
reconstruido prolija y exactamente por el narrador, que va dando cuenta de lo
que sucedió mucho tiempo atrás, que avanza y retrocede en su relato y hasta
llega mucho tiempo después para contar el destino de los supervivientes.
La acción es, a un tiempo, colectiva y personal, clara y
ambigua, y atrapa al lector desde un principio, a pesar de que conoce el
desenlace de la trama.
La dialéctica entre mito y realidad se ve potenciada aquí,
una vez más, por una prosa tan cargada de fascinación que los eleva hasta las
fronteras de la leyenda.
Poemas de Pablo Neruda
Amor, amor aquel y aquella
Amor, amor aquel y
aquella,
si ya no son, dónde
se fueron?
Ayer, ayer dije a mis ojos
cuándo volveremos a
vernos?
Y cuando se muda el
paisaje
son tus manos o son
tus guantes?
Cuando canta el
azul del agua
cómo huele el rumor
del cielo?
Siempre
Aunque los pasos toquen mil años este sitio,no borrarán la sangre de los que aquí cayeron.
Y no se extinguirá la hora en que caísteis,
aunque miles de voces crucen este silencio.
La lluvia empapará las piedras de la plaza,
pero no apagará vuestros nombres de fuego.
Mil noches caerán con sus alas oscuras,
sin destruir el día que esperan estos muertos.
El día que esperamos a lo largo del mundo
tantos hombres, el día final del sufrimiento.
Un día de justicia conquistada en la lucha,
y vosotros, hermanos caídos, en silencio,
estaréis con nosotros en ese vasto día
de la lucha final, en ese día inmenso.
Premios Nobel Latinoamericanos y Españoles
Españoles
• Camilo José Cela
• Vicente Aleixandre
• Juan Ramón Jiménez
• Jacinto Benavente
Latinoamericanos
• Octavio Paz
• Gabriel García Marquez
• Pablo Neruda
• Miguel Angel Asturias
• Gabriela Mistral• Mario Vargas Llosa
Suscribirse a:
Entradas (Atom)